Capítulo 3: La ciudad de medianoche
Salí del bosque sacando un mapamundi y consultando el punto más cercano donde encontraríamos a alguien de la pandilla. El próximo destino sería La ciudad Nocturna, lugar de torneos de póker y juegos de azar. Alba y yo montamos en la moto y Alba se agarró tan fuerte a mí que me ruboricé. Nos pusimos los cascos y aceleré. Fuimos hablando por el camino.
-Me tienes que enseñar a usar la magia-dije.
-Os enseñaré a todos cuando estemos juntos. Estoy algo preocupada por los cristalitos.
-No te preocupes. Si tuviéramos que elegir me quedaré el gris.
Alba miró de cerca los cristales. Tenían nombres grabados. -Metalix, Ventix, Tigrox…-leyó Alba.
-¡Ya hemos llegado!-grité.
Un gran letrero de neón presidía la calle principal. De repente se hizo de noche sobre nuestras cabezas.
Volví a consultar el mapa con la dirección de la casa de Álvaro y nos dirigimos hacia allí. Al llegar nos bajamos de la moto. Había una placa en la pared que decía: Álvaro Nº 9. Al lado de la placa había un dibujo de una pareja de ases de póker. Llamamos a la puerta, y al abrirse nos encontramos con un mayordomo.
-¿En qué puedo ayudarles?-dijo.
-Estamos buscando a Álvaro, ¿Nos podría dejar entrar?-dije yo.
-El señorito está en un torneo de póker de Hold’em por parejas con su compañera la señorita Clara. Son los campeones de toda la ciudad. Son imbatibles juntos.
-Oh, de acuerdo. ¿Podría decirle que hemos estado y que nos busque? O mejor díganos dónde se celebra el torneo-dijo Alba.
-Si no le encuentran se lo diré. Está en la calle Full House. La entrada cuesta 50 guiles.
-De acuerdo. Gracias.
Alba y yo salimos corriendo dejando atrás los carteles de neón de la calle Full House.
Llegamos al lugar donde estaba celebrándose el torneo, pagamos y entramos. Vieron que Álvaro y Clara estaban a punto de ganar un millón de Guiles más todo lo que había en la mesa.
-Gana el equipo de los jugadores Clara y Álvaro, de nuevo,-se oía por un altavoz-con póker de ases.
Al ver salir de la sala a Clara y a Álvaro, fuimos a su encuentro.
-Enhorabuena-dijo Alba.
-Gracias-respondieron a dúo Clara y Álvaro.
-Parece que por aquí ganáis a menudo, ¿no?-dije.
-Sí, es lo más normal. Nos nombraron reyes del póker la semana pasada-dijo Álvaro.
-Ji, ji, ji-rió Alba con sarcasmo.
Salieron de la casa de apuestas y Clara silbó con fuerza. Un Lamborghini impresionante de color negro con el nombre de Clara grabado en la pintura cromada paró delante de nosotros. Quedamos con la boca abierta. El coche brillaba.
-Subid-dijo Clara sonriendo.
Los cuatro subimos al coche y el chofer aceleró. Llegamos a una gran mansión (y cuando digo grande, es grande) a la que Clara y Álvaro nos invitaron a entrar. Asentimos y al entrar nos deslumbró una gran luz. Cuando pude volver a ver supe que lo que había pasado era que una lámpara de araña de cristal gigante se había encendido. Clara nos invitó a pasar la noche en su casa y nosotros aceptamos. De todos modos, no teníamos donde dormir. Tras una cena exquisita, con caviar, muslos de pollo asados, langostas cocidas y rellenas, sopa deliciosa… fuimos a la segunda planta, donde estaban las habitaciones y nos asignaron a cada uno una habitación. A mí me tocó la que estaba al lado de las escaleras. La cama tenía dosel y estaba muy bien decorada. Las habitaciones eran amplias y tenían vestidor, montacargas, mesita de noche, (bueno, mesa de noche) y una lámpara que ofrecía una generosa luz. Al lado de la cama había un interruptor para apagar o encender la luz. Dormí del tirón en una cama tan cómoda como esa. Clara era muy amable. Era una chica más bien alta, de pelo negro, ojos marrones y llevaba un vestido rojo sangre con los palos del póker estampados en él. También llevaba un cinturón con una baraja de póker de ases, como Álvaro. Al levantarnos, el mayordomo nos acompañó de nuevo al comedor y nos sirvieron el desayuno en una larga mesa. La sala estaba decorada con numerosos cuadros colgados de la pared y el mantel tenía bordados los palos de una baraja de póker (qué raro; pensé con ironía).
-¿Y qué hay para desayunar?-pregunté sentándome
Una decena de cocineros salió de la cocina y fueron depositando jarras de leche desnatada, magdalenas de chocolate, bollos de nata, grooms de deliciosa crema, que son como bombitas de sabor, te las metes en la boca y explotan dentro dejándote la boca llena de lo que lleve dentro, y galletas caramelizadas. Cuando todos nos sentamos a la mesa invité al mayordomo a comer también, pero rechazó mi oferta. Insistí y él cedió mirando a Clara de reojo. Clara rió y asintió. Pasamos la mañana entrenando para jugar al póker. Después de comer (tan exquisita como la cena y el desayuno) el mayordomo nos hizo entrar en una sala de seguridad, porque dijo que alguien tenía un plan de destruir la cuidad mediante el siguiente torneo de póker que se celebraría esa misma noche a las once.
-¿Sabemos algo sobre el individuo?-dijo Alba.
-Sí,-contestó Clara- será el portero del casino donde se jugará el torneo.
-¿Y algo sobre su constitución?-pregunté yo.
- Alto, moreno, y muy fuerte. Vamos, como un gorila de los de siempre, de esos de dos por dos, que son como un armario de grandes-dijo Álvaro.
-Entendido-contesté.
Cogimos cada uno nuestras armas y salimos a la calle. Clara sacó las llaves del Lamborghini y me las lanzó. Las cogí al vuelo y pregunté:
-¿Y esto? ¿No jodas que…?
Clara sonrió y se metió en el asiento de copiloto. Bajó la ventanilla y me dijo, sonriendo:
-¿Sabrás manejarlo?
Se me iluminaron los ojos y monté en el coche. Introduje la llave en su lugar y arranqué. Aceleré mientras Clara me indicaba por dónde tenía que meterme. (Si Iván estuviese aquí, estaría flipando)-pensé. Cuando llegamos a la calle Escalera máxima, bajamos del coche totalmente preparados. Nos inscribimos en el torneo y fuimos ganando una a una todas las manos. Cuando llegamos a la final, el portero dejó su sitio en la puerta y entró dentro. Se sentó enfrente de nosotros. Miramos desafiantes al mastodonte humano que se había instalado en esa silla de la mesa de apuestas. Tras unos minutos de partidas y apuestas, en la mesa había dos ases, de diamantes y tréboles respectivamente, un King, un Jack, y una Queen. El hombre habló con una voz gravísima.
-Escalera máxima-dijo extendiendo las cartas sobre la mesa. Su mano era un diez y un 9.
Sonreí de soslayo y extendí mis cartas mirando a Clara, Alba y Álvaro. Todos abrieron la boca impresionados. Mi mano consistía en los dos ases que faltaban, de picas y corazones.
-Póker de Ases- le repliqué chuleando.
El hombre rió fuertemente y entró por un conducto subterráneo preparado debajo de su silla. Le seguimos rápidamente por el mismo conducto, donde había instalada una base secreta en la que planeaba la destrucción de la ciudad. Una vez allí, desenfundamos mis espadas, el bastón y las barajas de cartas, ambos con las cuchillas preparadas. El hombre sacó un lanzacohetes de corto alcance.
-Ja, ja, ja, ja, no sobreviviréis a esta preciosidad-dijo con su voz grave.
-¿Estás seguro?-pregunté yo.
Él se enfadó y disparó hacia nosotros. Lo esquivamos con rapidez y nos lanzamos hacia él. Clara lanzó su mazo de cartas junto con Álvaro, que partieron el lanzacohetes en dos y explotó, lejos de nosotros. Alba usó su magia y yo le atacaba con mis espadas como podía. En realidad, yo no hacía mucho porque el elefante humano (no se le puede describir, en serio) me lanzaba puños como montañas de grandes y, claro, me tocaba esquivar más que atacar. Cuando empezaba a flojear, Clara le pilló desprevenido y le ató las manos a una barra de metal.
-¿Y ahora qué, eh? ¿Vas a seguir con tu plan de destrucción?-dijo Clara.
L e asestó un patada en el costado que le hizo caer al suelo. Clara me tiró su móvil. Cogí el teléfono al vuelo y me dijo que llamase a la policía. Lo hice y a los 10 minutos llegaron dos coches patrulla y nos interrogaron a todos. Arrestaron al malhechor, que nos dijo:
-Volveréis… ya lo veréis… y estaré preparado para esa ocasión.
-Sí, seguro-dijimos los cuatro a la vez. Enfundamos de nuevo nuestras armas y salimos de aquel tugurio mal pintado. Una vez fuera quise devolver las llaves a Clara pero me dijo que condujese de nuevo yo. Asentí suspirando y sonriendo a la vez. Confiaba en mí. Arranqué y nos dirigimos a su casa de nuevo. Al llegar nos recibió el mayordomo y Clara anunció:
- Mi casa es vuestra casa. Si seguís buscando a vuestros amigos, aquí podréis refugiaros.
Alba le estrechó la mano y le ofreció una esfera de fuego.
-Aprende a usarla… te será útil por aquí. Tú y yo seremos buenas amigas.
Le dimos las gracias y Álvaro vino con nosotros. Alba le guiñó un ojo a Clara y ésta sonrió, levantando el dedo pulgar en gesto de aprecio. Ella nos prestó su coche de nuevo y salimos de la ciudad por la autopista As-8 de picas. Estuvimos cinco horas en la carretera, el trecho era muy largo hasta nuestro siguiente destino.
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