Capítulo 6: ¿Tranquilidad? ¿Dónde?
Íbamos por un caminito de tierra y barro, sin problema alguno. “En cuanto lleguemos de nuevo a la casa de Clara, le pagaré el lavado, que ha hecho un gran favor en dejarnos el coche.” pensé. Alba dijo entonces:
-Elige Pelayo. ¿Negro o verde?
-¿Qué son?
-Cristales de invocación. Una bestia sale de ellos y nos ayuda en las batallas difíciles.
-Ah, bien, pues me quedo el negro. Pone Águelix.
-Bueno, pues es todo tuyo.
-Chicos, estamos llegando a las Llanuras. Id preparándoos.-dije.
-Vale.
El viaje no fue largo y las llanuras eran de un intenso color verde claro. Cuando bajamos del coche, una brisa primaveral nos acogió en ese lugar. Caminamos por la hierba y pasamos por encima de una pequeña colina con un arbolito. En la parte más extensa de la llanura, se distinguían dos poblados. Nos fuimos aproximando a ellos y vimos que en uno de ellos se erguía una bandera de vivos colores, mientras que en el otra era de colores fríos y distantes. No sabíamos a cuál ir, así que probamos suerte en el poblado de los colores vivos. Las cabañas estaban hechas de madera, pintadas de colores bonitos y cautivadores; estaban dispuestas en círculos, alrededor de una cabaña más grande, que era la de los jefes. Una vez allí llamamos a la puerta de la primera cabaña que vimos. Nos recibió una chica guapa, rubia, de ojos azules, y algo bajita.
-Oh. Forasteros. Mi nombre es Nuria y vivo en este poblado, las cazadoras de la ribera. Nos llamamos así por la proximidad del poblado al río.-nos dijo.- ¿Qué os trae por estos parajes?
-Verás, estamos buscando a una vieja amiga, se llama Mónica.-dije.
-Oh, sí, Mónica, la Magnífica. O sea, vive súper-cerca del jefe del poblado, tíos.-cambió de tono de voz al saber que éramos amigos de Mónica o yo-qué-sé por qué.-Es nuestra mejorcita de las cazadoras.
-Vale. Gracias.-dijo Alba agarrándome la mano y tirando de mí. No le iban las pijas.
-Esperad, o sea, dadle esto a Mónica, la Magnífica cuando la encontréis por si la sirve. Graciaaas.-Cogí la pulsera dorada que nos daba y cerró la puerta ante nuestras narices. Suspiré. Si todas eran así, nos esperaba una buena mañana. Seguimos andando hasta el centro del poblado, y llamamos a la puerta de la siguiente cabaña. Abrió la puerta una chica de la misma constitución que Nuria, que nos dijo su nombre, Natalia, y además nos dio otro obsequio para Mónica. Era morena, aunque solo cambiaba el color del pelo en comparación con Nuria, porque eran igual de pijas. Esta vez era un collar, del mismo material que la pulsera. Probamos suerte en la siguiente cabaña cercana, y esta vez salieron dos chicas. La primera se llamaba María y la otra, su hermana, se llamaba Andrea. Éstas nos dieron unos pendientes y un cinturón, también dorados. Entramos en la última casa que quedaba excepto la de la jefa, y al fin, Mónica abrió la puerta.
-¡Chicos! ¡Cuantísimo tiempo sin vernos! ¿Cómo os va?
-Bien, y parece que a ti también, ¿no?
-No me puedo quejar. ¿Quién son esos dos?
-Oh, estos son Julien y Amanda. Les salvamos hace poco.
-Pasad, no os quedéis en la puerta.
Mientras tomábamos unas pastas con leche de quimera y café, hablamos de lo de los héroes y lo que habíamos hecho para llegar allí. Las cabañas eran realmente espaciosas, aunque no lo pareciesen por dentro y cabíamos todos de sobra. Había estantes con cabezas de diferentes criaturas que Mónica había cazado anteriormente. Propusimos ir al poblado de enfrente, para echar una ojeada, pero Mónica se negó rotundamente. Eran sus enemigos. Álvaro se quedó con Mónica y le dio todo el conjunto dorado. Al ponérselo, daba la sensación de que Mónica era de oro. Reflejaba la luz del sol como una lámpara de araña. Nos dirigimos hacia el bosque del lado contrario de la llanura, y cuanto más nos adentrábamos, más seguros estábamos que allí no había nadie. Íbamos en fila, en la retaguardia, Amanda y Julien. Después Iván, Pelayo y Alba. Yo encabezaba la fila. De repente oímos un fugaz sonido a nuestras espaldas. Nos giramos sobresaltados y aguanté un grito de espanto atronador. ¡Iván, Julien y Amanda habían desaparecido! Nos Juntamos espalda con espalda, al acecho de cualquier peligro. Poco después, oímos el ruido de nuevo y Alba desapareció sin más. Al rato, Pelayo se desvaneció como Alba. Al verme sólo, miraba hacia todos los lados cagado de miedo. Al notar que algo o alguien me perseguían, me lancé a correr como un loco hacia delante hasta que noté un fuerte pinchazo en la pierna. Caí al suelo, y al mirarme la pierna, tenía clavado un dardo de color verde. Vi que una sombra se acercaba a mí, cuando me dormí. Al despertarme, estaba tirado en el suelo, y, al levantar la cabeza, vi que estaba en un coliseo. Me levanté, me sacudí el polvo y miré a mí alrededor. En la arena había un cazador de aspecto oscuro delante de mí y las gradas gritaban enfurecidas y me abucheaban. Al nivel del suelo, había seis rejas todas cerradas.
-Tras cada una de estas verjas están tus amigos, para liberarlos, tendrás que derrotarme en una pelea.
Asentí con la cabeza. En el suelo dejaron dos objetos para elegir: Una espada y una pistola. Cogí la pistola, miré si estaba cargada y apunté al cazador. Disparé, pero él esquivó la bala con un rápido movimiento. Disparé varias veces más, pero las bloqueó con una placa de hierro. Cuando se me acabaron las balas, tiré la pistola y me puse en posición de ataque mientras venía a por mí a toda velocidad. La gente de las gradas, tiraba de vez en cuando objetos, y casualmente, unas boleadoras cayeron a mis pies, así que las cogí, se las lancé y le atrapé las piernas. Cayó de rodillas, así que aproveché para acercarme, y, con todas mis fuerzas, asestarle un gran puñetazo en la cara. Cayó hacia atrás, inconsciente y con la nariz sangrando. Las gradas gritaban ahora de euforia, cuando me di la vuelta, una reja se abrió. De ella salió Iván con los ojos entrecerrados por la impresión del sol.
-¿Qué está pasando aquí?-me dijo.
-Hay que derrotar a lo que nos echen con las armas que nos den para salvar a los demás.
-Muy bien, ¿y ahora qué?
-Ahora, eso-dije señalando a una reja que se abría.
De ella salió un hombre con un cristal en la mano, nos miró y nos examinó con la mirada. Sonrió e hizo fuerza con su puño. El cristal se partió, y desprendió una luz cegadora. Al momento, un lobo gris gigante apareció de la nada. Esta vez nos dieron a elegir la Thompson o unas espadas, qué difícil elección. Cogimos nuestras respectivas armas y nos lanzamos al ataque, pero… ¿Dónde darle? ¡Era gigante! Había que buscar su punto débil. Iván disparaba sin descanso, pero el pelaje del lobo era duro como una piedra, así que no podíamos dañarle. Los zarpazos y mordiscos eran difíciles de detener y aún más de esquivar, dado que eran de dimensiones descomunales. Cuando dio otro zarpazo, me di cuenta de que debajo del brazo tenía el pelo distinto al otro, así que se me ocurrió una idea.
-¡Iván, ¿dónde está tu cristal?!-grité.
-¡Aquí!-lo sacó del bolsillo y me lo enseñó. Era de un intenso color rojo.
-¡Rómpelo!
-¡¿Estás loco?!
-¡Hazme caso!
Se encogió de hombros, suspiró, lo lanzó al aire y le pegó un tiro. Del cristal salió una onda de energía, que nos hizo caer al cazador y a mí. Iván no cayó. Al momento, un dinosaurio gigante de color rojo fuego, con una bola de pinchos de piedra en la cola y la espalda repleta de esos mismos pinchos apareció de la nada. Era del mismo tamaño que el lobo.
-¡Ahora mándale que le ataque detrás del brazo!
-¡¿Y cómo se llamaba?!
-¡Joder! ¡Tú sabrás, es tuyo ¿no?!
-¡Ya, pero…! ¡Ah! ¡Infernux! ¡Ataca detrás de los brazos!
El lobo sentía dolor ahí, así que Iván siguió atacando hasta que el cazador retiró al lobo y nos dio la batalla por ganada. Iván retiró a Infernux del mismo modo, cosa que nos sirvió para aprender algo más sobre los cristalitos. Éste se convirtió de nuevo en cristal, e Iván se lo guardó en el bolso. El cazador se fue por donde había venido y una segunda reja se abrió. De su interior salió Alba mirándose las manos. Nos acercamos y le preguntamos qué le pasaba. Al ver sus manos, tenían unas marcas con forma de círculo, y en los hombros otros dos círculos más. En la mano izquierda, una llama. En la derecha un cubito de hielo. En el hombro derecho un rayo, y en el hombro izquierdo una gota de agua. De la reja de los misterios salió esta vez un buey de batalla, cuya arma principal era su mirada petrificante. Sus cuernos eran ponzoñosos, y si tocaban algo lo pudrían. Lo primero que debimos hacer fue romperle los cuernos, para no tener sorpresas. Primero, Iván disparó a los cuernos, inútilmente. Alba tuvo la idea de usar el nuevo poder de hacer magia con las manos y gritó:
-¡Piro!-mientras gritaba apuntaba con su mano izquierda abierta hacia el buey.
De su mano salió una llamarada que se disparó hacia el buey, aunque no le hizo ni cosquillas. Iván y yo tratábamos de frenar al bicho para que Alba se concentrara y lo intentara de nuevo. Tras unos segundos, apuntó con la otra mano hacia el buey y gritó:
-¡Hielo!-un polvo blanco salió disparado de su mano y fue a parar a uno de los cuernos del buey, convirtiéndolo en hielo. Fui corriendo hasta el buey y le partí el cuerno de una estocada, y le dije a Alba que lo repitiese con el otro cuerno. Alba asintió y se concentró de nuevo. Al rato volvió a brotar de su mano el polvo blanco, que dio de lleno en el otro cuerno. Iván fue esta vez quien rompió el cuerno de varios disparos certeros. Así no podría envenenarnos. Ahora faltaba matarle definitivamente, teniendo especial cuidado con su mirada petrificante. Estuvimos un rato examinando sus pautas tanto ofensivas como defensivas, y al final Alba gritó:
-¡Ya lo tengo chicos! ¡Alejaos del buey, y no toquéis bajo ningún concepto el agua!
-¡¿Qué agua?!-dije yo.
Alba se tocó el hombro y apuntó a los pies del buey. Al momento, una masa de agua se concentró sobre el buey y cayó, dejándolo empapado. Después se tocó el otro hombro y lanzó esta vez un rayo hacia el bicho, dejándolo en un espectáculo de chispazos y luz. Unos hombres salieron con guantes de goma y se llevaron al buey del coliseo. El furor de las gradas ya me daba igual. Esto iba para un rato largo.
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