viernes, 10 de diciembre de 2010

Capítulo nueve

Capítulo 9: Carreras callejeras
Minutos después bajó Clara acompañada por el mayordomo y Alba, y se detuvieron ante nosotros. Clara se terminó de abrochar el camisón y Alba se recogió el pelo en una coleta.
-Buenos días.-Clara bostezó.-Lo siento, me acabo de levantar.
-No importa.-contestó Óscar.-He venido porque había oído que se estaban organizando unas apuestas y querría participar en ellas.
-¡Pues adelante, tío! Me caes bien. Le voy a decir a Iván que te prepare un coche. ¿Cómo lo quieres?
-Pues un Mustang del color que quieras.
-De acuerdo.
Dicho esto salí corriendo hacia la habitación de Iván y nos dirigimos al garaje. Abrimos la compuerta secreta y nos pusimos a trabajar en el vehículo de Óscar. Cuando le acabamos se lo mostramos y comentó que habíamos acertado con su color preferido, el verde lima. Tras esto, cogimos los coches nos fuimos en nuestros coches al lugar indicado para el desafío. Allí había una fila de cochazos aparcados en paralelo con tipo musculosos y mujeres atractivas. Entre ellos y ellas reconocí al mastodonte de la última vez cerca de un BMW GT3 con líneas en el dorso. Me acerqué a él.
-¿Qué? ¿De nuevo a las andadas?
-Dije que volvería.
-Tenía el presentimiento de que serías tú. ¿Qué piensas hacer si ganáis?
-Sacaros de aquí echando leches, quitaros todo vuestro dinero y los coches y hacernos con la ciudad.
-¿Y si ganamos?
-Nos iremos y os daremos nuestros coches.
-De acuerdo. ¿Cuándo empezamos?
-Son las… -miró su reloj Rolex de cuatro esferas- nueve en punto. En dos horas nos vemos aquí.
-Aquí estaremos.
Dicho esto nos montamos en los coches y nos largamos a la casa de Clara.
-Chicos-dijo Iván nada más llegar-me voy a revisar los carros. Nos vemos a las diez y media.
-Comerás algo, ¿no?-preguntó Clara.
-En el ejército nos enseñaron que no es necesario comer durante ocho horas.
-No le hagas caso.-dije.-Yo le bajaré algo para picar tras cenar.
A la hora del desafío la ciudad se adornó con algunas bengalas en la salida y la meta.
-Bueno, bueno. Pero si se han presentado y todo.
Sin mediar palabra nos dirigimos a la línea de salida. La carrera consistía en una carrera colectiva por puntos dividida en tres modalidades:
Carrera sprint: Consiste en llegar desde la línea de salida hasta la meta, situada en otro lugar de la ciudad.
Concurso de derrapes: Consiste en recorrer un circuito cerrado realizando la mayor cantidad de derrapes posible.
Carrera de aceleración: Consiste en una carrera en la que no se puede frenar y si chocas o rozas algo con el coche quedas descalificado.
En el primer desafío se eligieron de cada grupo dos corredores de los cuales los nuestros fueron Alba y Óscar. Usaron su magia, la potencia del nitroso de Iván y el trabajo en equipo para acabar la carrera en los primeros puestos. Después les tocó el turno a los derrapes y con ellos a Álvaro, Clara, Pelayo y Mónica cuyos resultados fueron estos:
3º Pelayo
4ª Clara
2º Álvaro
6ª Mónica
De momento todos jugaban limpio.
Nada de lo que preocuparse por lo que ocurriría a continuación. Cuando nos colocamos en la línea de salida, Iván me dijo que si tenía problemas de algún tipo, que presionase el botón rojo bajo el volante. Aceleré a tope, cambié a primera, solté el freno y salí escopetado, codeándome con el tipo aquel, cuando de pronto, me atacó con su coche. Aguanté hasta que no pude más y enchufé todo el nitroso que tenía y pulsé el botón. Una onda electro magnética invisible recorrió la pista y paralizó el coche del tío. Crucé la línea de meta con Iván a mi derecha. Derrapé, di la vuelta hasta donde estaba el otro y bajé la ventanilla:
-¿Qué? ¿Te gusta jugar sucio? Ojo por ojo, diente por diente. ¿No?
-Vale tío, tú ganas. No volveremos. Toma nuestras llaves.
-Graciaaas.-dije con un gesto de burla.
El hombre suspiró, se bajó del coche y se fue de la ciudad andando con sus camaradas detrás. Clara nos invitó a celebrarlo a su casa.  Allí guardamos todos los coches con sus llaves y descansamos hasta que fue el momento de irnos.
-Bueno, chicos. Ya recordáis lo que os dije. Ah mi número de teléfono es…-me bisbiseó unos números al oído y se apartó.
-Gracias Clara.-dijimos
-Nos vemos.
Tras deliberar en qué coche seguíamos elegimos el Audi R8 de Iván y salimos con destino la gran capital del continente de Redora: Grivalizd, que estaba al lado de la ciudad de medianoche.

1 comentario: