martes, 7 de junio de 2011

Capítulo Quince

Capítulo 15: La primera melodía sagrada
Día 13    Encima de la Hondonada de las hadas; Cubierta del USS Sunset     18:00

-Me cago en la… -dije asustado al ver aquella masa deforme volar a nuestro lado.
Había destrozado uno de los motores, pero la nave aún seguía en el aire. La voz del capitán se escuchó a través de los altavoces.
-¡Lanzad los misiles Stinger!
Iván sonrió, fue corriendo detrás del montículo en el que estaba la puerta y trajo consigo una torreta automática y un lanza misiles verde y muy grande. Se arrodilló después de ver que la torreta colocada no hacía efecto y lanzó uno de los ingentes misiles; fue desviado por las alas de la temible bestia.
Tras un rato de pelea, al monstruo se le abrieron unas brechas de las cuales se desprendía un vaho negro en vez de fucsia. Nocturno me miró y le hice una señal de que esperara. El monstruo lanzó  un chorro de humo de color verduzco que asestó grandes daños a la nave. Se abrieron aún más sus grietas, señal de que estaba dañado seriamente.
Entonces, grité a Nocturno:
-¡¡¡Ahora!!!
Él asintió, lanzo sus inmensas hachas a la criatura, y se engancharon en sus alas. Se amarró fuertemente a la nave dando unos pisotones furiosos. Acto seguido, salté a las cadenas que le unían con la horrible bestia y empecé a correr por ellas mientras hacía que rozaran mis espadas, acumulando electricidad estática.
 Cuando estuve a punto de “besar” al monstruo, salté y empecé a girar sobre mí mismo y a soltar llamas junto con los rayos en los que se había convertido la electricidad estática, a la vez que ambos gritamos:
-¡¡¡TORNADO COMBINADO!!!
El ataque dañó gravemente al monstruo. Las grietas de su cuerpo se abrieron aún más, hasta el punto de que la masa negra que emanaba de su cuerpo lo absorbiera completamente y poco a poco fuese tomando forma humana. La figura que flotaba ante nosotros me resultaba familiar. No la había visto nunca, pero me resultaba cercana. Al principio no tenía ni idea de porqué, pero después de que un fugaz pensamiento se apoderase de mi cerebro, descubrí quién era la misteriosa figura.
 Gafas, bata blanca, pelo alborotado y medio de punta… Uno de los malvados de la leyenda, o, mejor dicho, uno de sus descendientes. El mago y científico loco, el sin nombre, el que sólo se le conocía como “el Bolilla” pues le encantaban las cosas redondas. “Su punto débil, seguro”, pensé. Él flotaba en el aire de Medora ante nosotros como un soplo de aire.
 La nave dio un tumbo y nos hizo caer al suelo, despertándome de mi profundo pensamiento. Antes de que pudiera reaccionar, me lanzó una descarga eléctrica. Nocturno se interpuso entre la descarga y yo y la detuvo con sus hachas.
-Fran, ¿quién es este?-dijo forzadamente haciendo un gran esfuerzo.
-Creo… es más, sé que es al que le llaman “el Bolilla”, el científico loco de los malvados.-respondí yo.
Acto seguido, salté a un lado de Nocturno, y viendo que “Bolilla” aún flotaba en el aire, concentré mis fuerzas y grité:
-¡Corte X!
Las ondas de energía salieron disparadas de mi espada y por poco no impactaron en su cuerpo, pues él hizo una rápida finta y las esquivó.
-¿Qué es lo que quieres?-pregunté después.
-¿Por qué estáis buscando a las hadas?
-¡Odio que me respondan con una pregunta! ¡Contéstame!
-Necesitamos el poder de las hadas para poder para invocar a las bestias legendarias y dominar el mundo. ¿Te queda claro?
-Clarísimo -sentencié yo, y guardé mis espadas.
En su mano se estaba formando una bola de humo morado muy oscuro. Me metí la mano en el bolso y toqué el cristal que allí tenía guardado. Cuando estaba a punto de sacarlo, Nocturno, que había visto mis intenciones, me paró. Metió la mano bajo su calavera y sacó un cristal de color amarillo energético. Relucía como un rayo ante la luz del sol sobre hondonada de las hadas. El nombre grabado era el de Leo.
Tras cogerlo usó su hacha para romperlo.
Flash. Una luz cegadora que provenía del cristal nos hizo caer con una onda de energía. Al abrir los ojos, tenía delante un león negro de gran tamaño, rugiendo. “Bolilla” lanzó una mirada perversa y le dedicó una media sonrisa. Acto seguido, desapareció en el aire.
El león se amansó y se transformó de nuevo en cristal, que flotó hasta la mano de Nocturno. Nos miramos triunfantes. Habíamos vencido a uno de los malvados, aunque teníamos el mismo pensamiento rondando por la cabeza. Volvería. Y para esa ocasión estaríamos preparados para un enfrentamiento digno. No lucharíamos a la desesperada. La compuerta que conectaba con el puente de mandos se abrió, y de su interior salió Nery.
-Entrad, chicos, vamos a aterrizar en la hondonada.
Una vez en el puente de mando, todos nos acercamos a mirar las cristaleras. Desde allí se veían las distintas regiones del misterioso terreno. Había una llena de volcanes y lava por todos los lados. Llena de ríos, lagos y un pequeño mar que conectaba con el océano.  Otra de las regiones estaba abarrotada de montañas y taludes de piedra y tierra. Respiré hondo. El altar de los instrumentos sagrados nos esperaba en la cima del monte Tsereve. Bajamos de la nave bien preparados y con ropa de abrigo. En la llanura en la que aterrizamos hacía algo de calor, pero cuando empezamos a escalar el monte fue haciendo cada vez más frío. Finalmente llegamos a la cima, con la ayuda de Nery como guía. Allí se levantaba una estructura de varios años de antigüedad, formada por un altar y ocho círculos todos de colores menos uno, el más cercano al altar. Todos nos quedamos admirándolo, excepto Nery, que revoloteó hasta situarse en el círculo de color rosa. Una vez allí levantó los brazos y entonó una breve cancioncilla que hizo que toda la zona, por decirlo de alguna manera, reviviera. En ese momento, Raquel, tan cohibida como siempre, sé separo del grupo y sin pensarlo dos veces, como atraída por ello se acercó al altar. Sin saber bien por qué, el hada y ella recitaron una especie de poema ancestral y al terminar todos lo vimos claro. Una flauta plateada flotaba sobre el altar y resplandecía con un misterioso brillo. También flotaba un pedazo de papel dorado y rasgado, como si le faltara algún pedazo. Raquel alargo la mano y cogió la flauta suavemente y la acercó para observarla mejor. La flauta brilló tenuemente, iluminando sus rasgos. Tras eso, la desmontó y la metió dentro de su mochila, junto con el pedazo de papel. Dio media vuelta, triunfante y dijo:
-Chicos, esta experiencia me ha dado unas fuerzas sobrehumanas, la magia recorre mi cuerpo fibra a fibra como un rio de lava incandescente.
“Su verdadero poder ha despertado al conseguir su instrumento…”, pensé. Levanté la cabeza y vi a Raquel frente a mí. Sus ojos tornasolados se reflejaron en los míos como una estrella. Pero aún no sentía lo que ella. Desvié la mirada, entre incómodo y furioso, pero no dije nada. Una voz nos reclamaba a través del intercomunicador.

lunes, 4 de abril de 2011

Capítulo 14: El hada cautiva

Día 13    En algún lugar de la atmósfera terrestre     16:36



-¿Sí?-contesté a la llamada.

-Fran.-respondió la voz de Pelayo-. Ven al puente de mando, por favor.

-De acuerdo.

Colgué el teléfono y lo guardé en el bolsillo. Acto seguido, apagué la televisión y me encaminé hacia la puerta. Ésta se abrió con un “suish” y se cerró a mis espaldas con el mismo sonido. Giré a la izquierda en el pasillo y subí las escaleras mecánicas hasta el puente. Llegué en unos minutos a la cúpula principal en la que se encontraban Pelayo y Deniel pilotando la gran nave y unos cuantos ingenieros y pilotos más. Pelayo me vio y se levantó de su asiento de copiloto. Se acercó a mí y me guió hasta una mesa con un mapa dibujado.

-Este es el mapa de toda la tierra.-me dijo tocándolo.

El mapa que en principio parecía un dibujo, se transformó en una esfera tridimensional a la que se podía acceder de manera táctil.

-¿Y para qué me querías?

Pelayo señaló con su dedo un punto rosado que parpadeaba en la esfera.

-¿Qué es eso?-pregunté de nuevo, encogiéndome de hombros.

-Eso, es actividad mágica de un hada. ¿Sabes lo que eso significa?- me cuestionó después Pelayo.

Se me iluminaron los ojos y fui a mirar por la gran cúpula, pero solo acabé viendo nubes por debajo de nosotros. Me quedé admirando el precioso paisaje durante unos segundos. Algunos pájaros volaban en bandada hacia el sur, a la misma velocidad que nosotros. El cielo era completamente azul y sin una nube, porque, claro, las teníamos debajo. Me acerqué más al cristal; vi el mar entre las nubes y finalmente, me volví a girar hacia Pelayo y Deniel.

-Significa que hemos encontrado a la primera hada aquí en la Tierra.

-Exacto.-Deniel se cruzó de brazos y me miró con autoridad.- Vamos con rumbo hacia Medora, a una cueva submarina en la frontera Norte de ésta. Allí es desde donde nos llega la señal del hada.

Sin decir nada más corrí a los camarotes y bajé las escaleras de un salto. Avisé a todo el grupo uno por uno y volvimos a la cubierta de observación. Un rato después, llegamos a nuestro destino y la compuerta metálica se abrió dejándonos en una zona con colinas vastas y sin vegetación y una cueva que se adentraba en el mar. Nos acercamos a la entrada de la cueva y vimos que había unas escaleras de piedra inundadas hasta el tercer escalón. Nos pusimos unos trajes de buzo combinados con magia de Mónica para poder respirar debajo del agua.

 Aunque os parezca raro, Mónica podía absorber las habilidades más comunes de los monstruos que cazaba mediante una habilidad algo compleja que sólo ella y Nocturno conocían, pero él no sabía utilizarla. Bueno, fuimos avanzando por la cueva siguiendo el GPS de Pelayo, que tenía el mapa de donde venía la señal mágica desprendida por el hada hasta que, siguiendo un laberinto de paredes, trampas mortales y agua estancada vimos a una persona muy pequeña inconsciente flotando en el agua.

 Llevaba el pelo castaño muy claro, casi rubio y recogido en dos coletas. También tenía un vestido rosa claro y en la mano sostenía una varita con un corazoncito rosa en un extremo. Hice una señal a Nocturno, y éste sin preguntar nada nadó hacia el hada, la cogió delicadamente con sus grandes manos y se la cargó despacio a la espalda. Deshicimos el camino y por suerte, no nos perdimos. Salimos de nuevo a la superficie y volvimos al USS Sunset para intentar reanimar al hada.

Estaba perfectamente, uno de los anti-héroes la había abandonado en la cueva y solo le quedaba un poco de poder mágico.  Usó lo que le quedaba para mandar una señal, con la esperanza de que alguien la encontrase. Nos dijo que sabía el paradero de uno de los instrumentos, la flauta, y que en agradecimiento por rescatarla, nos llevaría hasta allí. Su nombre era Nari.

En ese momento se puso a revolotear por la sala de mandos hasta Deniel.

-Llévanos hacia el sur, a la hondonada de las hadas.

El sonido de los motores ensordeció y las nubes comenzaron a pasar a una velocidad vertiginosa. Me fui hacia la sala de entrenamientos, y reté a Nocturno a un duelo de habilidades. En toda la travesía que llevábamos realizada, habíamos ido aprendiendo distintas habilidades especiales y queríamos entrenarnos para dominarlas. Nada más llegar, desenfundé mis espadas, y el hizo lo mismo con sus hachas. Se notaba que las había estado puliendo, porque brillaban cual centella. Nos pusimos en guardia. Nos lanzamos al ataque los dos a la vez, parando nuestros ataques y esquivando nuestras embestidas. Saltaron chispas entre los filos de ambas armas. Tiró una de sus hachas al aire y aprovechó mi momento de distracción para usar una de sus habilidades. Descargó su puño contra mí, envuelto en chispas y electricidad mientras sentía la fuerza de algo muy superior en su interior.

-¡Puño de rayos!-gritó mientras me asestaba el golpe en el estómago.

Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo. Me sentía por un momento sin fuerzas, pero me recuperé a tiempo como para acercarme lo suficiente a nocturno, y sintiendo la misma energía que él, crucé mis espadas ante mí y solté un mandoble con forma de X hacia delante. De las espadas salieron dos ondas de energía canalizada en forma de x también, que impactaron de lleno en el cuerpo de Nocturno.

-¡Corte X!-grité yo invadido por aquel torrente de energía.

 Éste retrocedió, y se arrodilló un momento para recuperarse del golpe. Yo suspiré abatido, pero ambos nos pusimos en guardia de nuevo y fuimos probando distintas habilidades. Finalmente, se le ocurrió una idea.

-Fran, podríamos hacer una técnica los dos juntos.

-Me gusta la idea. Pero necesitamos una base en la que fijarnos.

-¿Qué te parece si yo lanzo mis hachas para que enganchen a los enemigos y tu te deslizas por las cadenas?

-¡Y junto con la electricidad estática que acumule y mi tornado de fuego asesto el golpe fatal!

Chocamos los cinco y nos dispusimos a entrenar. Lo intentamos varias veces, pero sólo nos salió bien una vez. Decidimos bautizarlo como Tornado combinado de Rayos.  La puerta de la sala se abrió, y Pelayo, Alba, Iván y Mónica entraron apresuradamente.

-Chicos, dejadlo para luego.-dijo Mónica.

-Sí, será mejor que vengáis.-continuó Pelayo.

-¿Qué ocurre?-pregunté encogiéndome de hombros.

-Venid, por favor.-contestó Alba nerviosa.-Hay un bicho muy extraño a babor.

-No le podemos localizar con el radar pero le vemos a simple vista, es de color gris piedra y desprende un vaho de color fucsia por la piel.-apuntó Pelayo.

-Di al capitán que dispare sondas con el Demódex  alrededor de él para averiguar su fuerza.-contesté corriendo hacia mi camarote.

De repente un fuerte estruendo acompañado de una sacudida dañó la nave y se oyó por la habitación la voz del capitán  diciendo que  el grandullón, Fran e Iván salieran a cubierta para intentar espantar a la fiera.

A nuestros transmisores nos llegó un mensaje de la sonda, en la cual nos informó que era el monstruo legendario llamado Ibrión y era el que protegía la Hondonada de las hadas.

El hada revoloteó hacia mí y me dijo que intentáramos no hacerle mucho daño, sólo si la situación lo requería.

lunes, 21 de marzo de 2011

Capítulo 13

Os pido a todos los lectores perdón, pues han sido unas semanas difíciles y no he tenido tiempo de escribir casi, pero aquí va el siguiente capítulo. Repito, perdón por la tardanza.

Capítulo 13: La llegada del U.S.S Sunset
Día 13             Ciudad costera de Ecuana     10:26

Ecuana tenía todo lo que una ciudad perfecta para las vacaciones de cualquier tipo de persona. Excepto por una cosa. Solía ser el epicentro de casi todas las guerras que estallaban en Nidora. Con esa única excepción era una ciudad fantástica. Tenía hoteles de 5 estrellas, playas abarrotadas de gente, tiendas de suvenires, casinos, hipódromos… Al llegar, Kirstie sacó un papelito de su bolsillo, y me lo tendió.
-Chicos, me tengo que ir. A partir de aquí os dejo solos. Guardad bien este papel y juntadlo con otros que os vayan dando o vayáis encontrando. Si tenéis la suficiente audacia conseguiréis el mapa para conseguir los instrumentos. Las hadas elementales están repartidas por el universo. Tendréis que conseguir una nave espacial o algo parecido para ir a distintos planetas. Debéis encontrarlas para que os ayuden a encontrar los instrumentos.
En el papel había una lista con nombres de instrumentos: saxofón, clarinete, flauta, batería, violín, trompeta, arpa y guitarra. También ponía una última anotación. “Para que los músicos puedan interpretar la melodía, se debe forjar la batuta heroica. Para ello, se debe hacer que las siete hadas elementales se reúnan en el altar mágico de las hadas. En la cima de…”Acababa ahí.
Suspiré y pensé: “¿Para qué será la canción? ¿Y cómo sabremos qué instrumento es para cada uno? Aunque claro, Alba sabe tocar el clarinete y yo el saxofón…” Kirstie salió corriendo por la calle y los demás caminamos hasta un parque cercano con una densa vegetación y una gran fuente de mármol en el centro de una plazoleta. Nos sentamos en  unos bancos, y comentamos la situación.
-Está bien, ya tenemos un nuevo objetivo secundario que espero nos acerque al principal. A todos nos gusta la música, ¿no? Sólo hay que averiguar dónde están esas hadas y esos instrumentos.
Pelayo se dio una palmada en la frente y pidió la palabra, algo avergonzado.
-Ejem… Tengo algo que deciros.
Metió la mano en su bolsillo y sacó de él un transmisor del tamaño de la palma de su mano.
-Es… Es el transmisor de la base Astro-Naval Sunset.
Todos soltamos un “¿Qué?” sorprendidos.
-¿Todo este tiempo lo has tenido en el bolsillo y no te habías dado cuenta?- dijo Nocturno.
-Un despiste lo tiene cualquiera. Tranquilos, enseguida me pondré en contacto con ellos.
Pasaron dos minutos sin que hubiese señal alguna por parte del aparato de Pelayo.
-Chicos, malas noticias. No hay señal. Tendremos que buscar una manera de encontrar una torre de alta tensión para poder tener mucha más capacidad de señal y que pueda llegar a comunicarme con Deniel.
-Pues vamos a ello -apunté yo, señalando hacia la torre eléctrica de Medoan.
Central eléctrica de Medoan         11:35

Algunos monstruos que echaban chispas habitaban la central ya casi abandonada de Medoan, una ciudad no muy lejana a Ecuana. La central tenía generadores por todas partes, indicadores rotos y desconectados y verjas con el símbolo de alto voltaje, formando un gran laberinto de metal, lucecitas y señales.
 Con un radar que Pelayo e Iván construyeron entre los dos, avanzamos lentamente aniquilando monstruos de casi dos metros de altura y de dos quintales de peso, con franjas negras en su horrible y amarillo cuerpo peludo.
 Alba, Pelayo e Iván crearon un aparato que llamaron Demódex, que registraba los datos de los monstruos a los que nos enfrentábamos. Así, avanzamos por los distintos caminos y retrocediendo en los callejones sin salida, esquivando las torretas eléctricas y eliminando a los Electreviros (los monstruos de antes) hasta el centro del enorme laberinto.
 Una vez allí, Pelayo subió a lo alto de la torre y, con la ayuda de Iván, pudo contactar con Deniel en la base astro-naval Sunset y una media hora después, una gran nave apareció en el horizonte y aterrizó cerca de nosotros. Una compuerta metálica se abrió y de ella salieron tres personas. Una de ellas era totalmente desconocida para mí, pero adivinad quiénes eran las otras dos. En efecto, esas dos personas que liberamos del monte Tinieblas… Julien y Amanda.
Pelayo abrió los ojos de par en par, se acercó a mí y me susurró al oído algo que no entendí por el ruido de los motores. Creyendo que yo le había entendido, se apartó y fue a abrazar a Deniel apresuradamente.
-Cuánto tiempo, ¿no, Deni?- dijo poco después.
-No tanto, Pelayo.
 Deniel hizo el saludo militar y Pelayo le respondió con el mismo gesto.
-General Deniel, capitán y teniente del USS Sunset.
-Comandante Mayor Pelayo, Primer Oficial del USS Sunset.
Después de eso Deniel, con gesto solemne, di media vuelta y entró en la nave. Pelayo hizo un gesto con la mano indicándonos que entráramos dentro.
Nos asignaron un camarote a cada uno. Primero, caminamos por un pasillo largo y de aspecto futurista. Las puertas eran completamente automáticas y reconocían la huella dactilar y la voz de cada uno de nosotros. Las chicas fueron las primeras, después los chicos y, finalmente, Pelayo me acompañó hasta mi camarote. Una vez allí, me dijo que esperase su llamada. Dicho esto, me entregó un móvil de última generación, venido de otra galaxia y se fue de la habitación. Me parece que se llamaba “ePhone five”. El USS tenía tres pisos, los camarotes en la planta baja, la sala de máquinas y la zona de entrenamientos en la primera planta y el puente y la cubierta en la tercera planta. La habitación mezclaba patrones futuristas y delicados, y usaba una combinación de colores como el azul Blarxieno y el blanco ventisca. Había una mesa de escritorio, una estantería con cómics y libros de acción, misterio y aventuras y una televisión en la pared de unas cuarenta y cinco pulgadas. También había una cama con sábanas de algodón muy suaves, y algo que me encantó. Un ordenador de última generación con un cable HDMI que servía para que lo que yo estuviese haciendo en el ordenador se viese en la televisión. Una tele de cuarenta y cinco pulgadas como monitor de un ordenador. Flípalo. Aparte de eso también había una equis box cuatrocientos ochenta y una Playstation cuatro conectadas a la tele. Estaba claro que las habitaciones eran para el gusto de todos. Un rato después, sonó el móvil.

domingo, 23 de enero de 2011

Capítulo Doce

 Capítulo 12: El Bosque Ninja y la Villa Oculta de Nidora

Fran: Cuando estábamos luchando contra el robot, que era súper resistente, los demás vinieron corriendo con la carga de explosivos cargados a la espalda. Dejamos lo que estábamos haciendo, y de inmediato salimos corriendo por la puerta de la prisión. El recinto total de la cárcel abarcaba unos pocos kilómetros de desierto, así que estuvimos corriendo con una carga de varios kilos de explosivos a cuestas bajo un calor abrasador durante unas horas, hasta darnos cuenta de que el robot de antes nos estaba siguiendo. Iván no logró desactivar las cargas, así que hicimos lo imposible para que el robot cogiera las C4 y le estallaran a él. Después llegamos a un amplio lago donde descansamos un rato, sentados a la orilla. Al lado había un bosque un poquito frondoso en el que entramos sin pensarlo dos veces. Total, no había otro sitio al que ir.
Un bosque silencioso hasta donde alcanzaba la vista. Solo se oía el leve silbido del viento entre las hojas de los árboles. Algún que otro ruidillo de algún animalejo que moraba allí, pero nada más. Los pájaros piaban en el silencio sepulcral que allí reinaba. Al poco rato de caminar adentrándonos en el bosque, empezamos a ver varias sombras saltando de rama en rama a una velocidad vertiginosa. Comparado con esa velocidad, Nocturno era una simple liebre. A los rayos de la poca luz que ya quedaba, entreví lo que parecían shurikens y cuchillos kunai, entre otras armas ninja. Adquirimos lo que parecía una formación de ataque y defensa a la vez, al acecho de lo que pudiera ocurrir. Como esperando a que lo hiciésemos, una banda de personas tapadas por capucha lideradas por una chica morena con una bufanda negra de tela y una katana a la espalda. Tenía unos ojos preciosos y, aunque dulces, penetrantes. No llevaba camiseta, sino un sujetador metálico que le cubría todo el pecho. Se apartó con suavidad la bufanda que le cubría el rostro y descubrió sus sonrosados labios. Su pelo ondeó con la suave brisa. Sonrió mirándonos y dio una orden con un gesto de cabeza. Los ninjas que la acompañaban desparecieron al instante dejado una leve humareda, y desde los árboles, lanzaron armas ninja. Alba fue la primera en reaccionar y levantó una mano al aire.
-¡Barrera!-exclamó.
Al instante, un velo protector se extendió a nuestro alrededor, desviando los cuchillos y haciéndolos caer al suelo. De pronto, el velo desapareció y Alba cayó de rodillas abatida. Respiraba dificultosamente y de forma acelerada. Me quedé mirándola mientras los demás ya estaban luchando.
-¿Qué es lo que te ocurre?-le dije acercándome a ella.
-Me… arde…-Alba tosió, como si le estuviese ocurriendo algo por dentro- el… pecho… -Alba se agarró el pecho y se dejó caer-.
La recogí antes de que cayese y la levanté.
-¡¡PARAD TODO EL MUNDO!!-grité con todas mis fuerzas. Todos pararon de luchar y la ninja que parecía la jefa se acercó rápidamente.
-Parad todos. Dejemos la pelea para luego. Esta chica necesita atención de un ninja médico, o sea yo. Pero aquí no dispongo de lo necesario para examinarla. Llevémosla a la villa. Mi nombre es Kyuzo Tsuchiya Chan. Llamadme Kyu. No perdamos más tiempo. Vamos.
Fuimos corriendo hasta una pequeña aldea de aspecto japonés y entramos en una pagoda pequeña. Una vez allí tumbamos a Alba en una sábana y Kyu la examinó detenidamente, mientras ella tosía. Después nos mandó salir a los chicos de la sala, pero me negué rotundamente, así que nos quedamos solos Kyu, Alba y yo.
-Fran…-jadeó Alba-.Aparta la vista… por favor…
La miré largamente, la agarré de una mano y asentí. Giré la cabeza mientras Kyu levantaba la camiseta de Alba y le palpaba el pecho. Alba solía quejarse, y entonces la agarraba con más fuerza, aunque sin mirarla. Al final le volvió bajar la camiseta y me dijo que ya podía mirar.
-¿Qué es lo que le ocurre?
-Esta chica es maga “en proceso”, digamos, ¿no?
Asentí. ¿Qué quería decir?
-No es nada del otro mundo, pero esta chica necesita descansar. Tan sólo es… ¿recuerdas que antes tuviera unas marcas en el cuerpo con dibujos de los distintos elementos?
Asentí de nuevo, sorprendido.
-Lo que le ocurre es lo mismo que le pasó cuando le salieron las marcas. Cada vez que haga un hechizo nuevo le saldrá una marca como grabada a fuego y se le quitarán las anteriores ya aprendidas. Dejémosla descansar. Vamos, os enseñaré la villa un poco. Después podéis descansar en el cubil de ramen y salir de nuevo hacia vuestro siguiente destino.
Solté a Alba y le metí su mano por debajo de la sábana. Salimos de la salita y Kyu llamó a un par de ninjas; sus sirvientes, supuse. Cuando éstos llegaron, le ofrecieron una leve reverencia a Kyu.
-Éstos son mis dos mejores ninjas. El más alto es Tachikawa Sakakida san. Llámalo Tachi.
Tachi me ofreció la mano y yo, con gesto amable se la estreché. Era alto, sí pero más joven que el otro.
-El otro-continuó- es Heihachi Kosugi san. Prefiere que le llamen por su apellido. Es decir, Kosugi.
Cuando todos estuvimos reunidos, Kyu preparó un calmante para Alba y en la sala de al lado estuvimos cenando y hablando hasta las altas horas de la noche. Después, fuimos al cubil del ramen, una posada muy acogedora, y allí pasamos la noche. Todos, excepto Alba, claro, que estaba demasiado débil como para estar de un lado a otro. A la mañana siguiente, desayunamos un bol de ramen, y continuamos hacia otro destino distinto: La ciudad costera de Ecuana. Cogimos a Alba, que ya se encontraba mucho mejor, y reemprendimos nuestro periplo en busca de los que serían nuestros enemigos. Andábamos con algún que otro contratiempo por parte de Alba, pero tenía una excusa irrefutable. Al no tener coche, seguimos andando. Tampoco nos quedaba dinero, pero no sabíamos (ni siquiera él se acordaba) que Pelayo todavía tenía el comunicador de la base Astro-Naval Sunset. Veamos lo que pasó en Ecuana.

jueves, 13 de enero de 2011

Capítulo Once

Capítulo 11: La huida de la cárcel de la resistencia

-¡Hey! ¡Soltadme!-dije cuando dos policías me agarraron de los brazos y me llevaron a través de un puente metálico.
Después, otros dos cogieron a Pelayo y otros cuatro más agarraron a Iván y a Álvaro, Sergio no puso resistencia alguna a que lo empujaran brutalmente, casi haciéndole caer por el puente. Cuando se incorporó, pegó un resoplido y continuó andando. Nos metieron en una sala de torturas uno por uno  y nos interrogaron. Alba os contará lo que pasó en el resto de la cárcel.
Alba: Cuando se llevaron a los chicos, sólo quedábamos las cuatro chicas en la celda: Mónica, Cristina, Raquel y yo. Hablamos del plan anterior, y le añadimos un nuevo objetivo: Liberar a los chicos. Para ello, el plan comenzó así. Mónica se puso a chillar como una loca, cosa que suele hacer muy bien, y alertó a los guardias, que se pusieron a inspeccionar. Como las demás nos habíamos escondido en las sombras debajo de las camas, no nos vieron y abrieron la puerta. Se encontraron con un golpe en la nuca de parte de Cristina cogió una de sus ametralladoras. Ella abrió el camino entre los guardias del piso y llegamos a un ascensor en el que había un mapa. Cristina lo examinó un momento y se giró.
-Vale, chicas. A partir de ahora, haced completamente lo que yo diga o sonará la alarma.
Asentimos y en cuento la puerta se abrió nos pusimos tras una columna ocultándonos de los guardias.  Andábamos de cuclillas para no hacer mucho ruido comentando alguna que otra cosa entre nosotras Hice varias veces una magia de sigilo combinada con otra de Raquel para ser casi invisibles y no correr más riesgos. Llegamos a una sala protegida con cámaras de seguridad en las esquinas, que visualizaban toda la habitación al completo, ningún rincón se les escapaba. Allí estaban todas las armas, encima de una mesa. Raquel y yo unimos fuerzas de nuevo para hacernos invisibles y recogimos las armas mientras Cristina y Mónica desactivaban las cámaras. Las metimos dentro de una mochila marrón vieja, aunque resistente. Salimos por donde habíamos entrado  y volvimos al ascensor.
-Muy bien hecho, chicas-dijo Cristina.
Todas chocamos los cinco y Cristina volvió a mirar el mini-mapa.
-Vale -volvió a decir-. Escuchadme. Éste es el plan. Los chicos están aquí –señaló con el dedo en el mapa-. Y nosotras estamos aquí. La forma más rápida sería  bajar en el ascensor y punto, ¿no?
Todas asentimos con la cabeza.
-Me lo temía. Di el pero-dije.
-Sí, pero en la salida del ascensor hay una sala rectangular con cinco huargos guardianes especializados en detener presos -explicó Cristina-. Tenemos que elegir entre luchar contra cinco perros asesinos o dar un pequeño rodeo para entrar al piso de abajo sin vigilancia, excepto por cámaras con ametralladoras incorporadas.
Todas barajamos las posibilidades. Era difícil elegir. Al final sacudimos la cabeza y miramos de nuevo a Cristina, que tenía una sonrisa pícara en los labios.
-Lo sabía. Por eso cogí de la sala de las armas estas granadas especiales, llamadas Chaff. Sirven para inutilizar los aparatos eléctricos y mecánicos de cualquier tipo durante un corto período de tiempo.
Las chicas intercambiamos miradas de alegría y cogimos una granada cada una. Cristina Se quedó con las que sobraban y las metió en la mochila. Dimos un rodeo enorme por toda la planta superior y continuamos por el ascensor contrario. Bajamos, y cuando la puerta se abrió, Cristina tiró una de las granadas. Una nube de chispitas que se deshacían en el aire apareció con una pequeña explosión y las cámaras, como si estuvieran controladas por monos, empezaron a mirar de un lado a otro sin control alguno. Pasaos corriendo en medio de la confusión y Raquel lanzó la suya surtió el mismo efecto en las cámaras siguientes y así ocurrió sucesivamente hasta que llegamos a la puerta de la sala de torturas. Entramos con una incursión muy estruendosa, por desgracia, pero conseguimos reducir al torturador y rescatar a Pelayo de la máquina de electrocución de la que estaba colgado. Le dimos sus pistolas y nos acompañó hasta la celda en la que estaban encerrados los demás. Les devolvimos sus correspondientes armas y… bueno, que os lo siga contando Fran.

Fran: En cuanto nos liberaron, la alarma saltó y la antesala se llenó de guardias. No había otro remedio que luchar. Fuimos librándonos de los guardias hasta la sala de mandos y,  por descuido, Álvaro pulsó un botón rojo. Debajo ponía: “Autodestrucción de la cárcel. Pulsar sólo en casos de máximo peligro.”
Me llevé las manos al cabeza, asustado, y grité:
-¡Pedazo de burro! ¡¿Qué has hecho?!
-No sé…-respondió él protegiéndose con las manos-. ¡Ha sido sin querer!
-¡Que no panda el cúnico! Esto… ¡Que no cunda el pánico! ¡Sólo hay dos maneras de hacer esto y una es huir de aquí como locos y la otra es detener la autodestrucción destruyendo los explosivos por control remoto!-propuso Alba.
Todos asentimos acalorados e hicimos dos grupos: unos despejarían el camino para huir y sacar los explosivos y los otros buscaríamos los explosivos. Explosivos: Cristina, Mónica, Nocturno, Iván y Álvaro. Huida: Alba, Pelayo, Raquel y yo.
Mi grupo y yo fuimos derrotando guardias y robots asesinos que intentaban pararnos los pies, hasta que justo cuando estábamos al llegar, un robot tan grande como un castillo apareció de la parte superior de la cárcel.
  
Iván: Llegando a la sala más subterránea de la cárcel, una manada de huargos nos atacó y nos ralentizó. Pelayo habló por el intercomunicador que antes nos había prestado y comentó que la sala se encontraba protegida por una clave de seguridad oculta en algún lugar y que sólo nos quedaban dos minutos y medio para que los explosivos actuasen. En cuanto nos libramos de los molestos huargos, buscamos por todos los lados la clave de acceso, pero no aparecieron más que dos llaves. Investigamos de todas las maneras posibles las llaves hasta que Mónica las examinó de cerca, y se le ocurrió juntar los dientes de ambas llaves. A simple vista, tres letras se formaron en las llaves: RHB. Ahora teníamos dos problemas. Uno, sólo quedaba un minuto. Dos, en la combinación no había letras, sino números. Álvaro lo apuntó y me pasó el papel.
-Tú eres el listo de nuestro grupo. Es tu turno.
Agarré el trozo de papel que me tendía y lo observé con detenimiento. Cuando lo averigüé abrí los ojos como platos y le grité a Nocturno:
-¡Ocho! ¡La clave es ocho!
Nocturno introdujo la clave en la cerradura y ésta se abrió con un clic. Dentro del receptáculo se encontraban un montón de cargas enormes de C4.
-¿Cómo lo has adivinado tan rápido?-me preguntaron todos mientras intentaba desactivar las cargas.
-Os lo contaré cuando desactive esto y salgamos de aquí. Solo os recuerdo que se me dan bien las matemáticas-dije con una sonrisa de oreja a oreja.

lunes, 3 de enero de 2011

Capítulo diez

Capítulo 10: La pequeña bruja de Grivalizd

No tardamos mucho en llegar a la gran ciudad, y en cuanto pudimos aparcamos en un parking subterráneo. Nos sobraban algunos guiles así que compramos un mapa de la ciudad y un mapamundi para orientarnos. En el mapa salía Valladolid, mi ciudad natal, las llanuras del verdor, la zona bélica del continente, el valle de los vientos con el río , el desierto arabix, la meseta impía, el bosque mágico y las bases de exilio del gobierno. Deambulamos por las calles durante algún tiempo hasta que a Alba le llamó la atención un letrero en el que ponía: Escuela de Brujas y Hechiceras. Nos acercamos y leyó en voz alta de un papel que había cerca de la puerta abierta del edificio.
-“Si eres una hechicera, o te gusta la magia y quieres aprender, éste es tu lugar. Entra e infórmate” ¿Podemos entrar?
-Claro-dije-. Adelante.
Al entrar en el edificio nos encontramos en un hall con tres puertas grandes y un pequeño mostrador con una chica detrás como recepcionista. Alba se acercó a ella.
-Hola, buenos días.
-Hola-contestó la chica-. ¿Puedo ayudarte en algo?
-Querría saber acerca de esta escuela.
Hablaron durante pocos minutos y nos invitaron a entrar por una de las puertas. Allí había varias personas lanzando magias de todo tipo, blancas, verdes, rojas, oscuras y negras. Alba se sintió como en su anterior casa, el bosque, donde usaba la magia con y contra Esther; tanto para ayudarla como para combatir contra ella. Alba abandonó el grupo durante la estancia en Grivalizd y los demás fuimos a dar una vuelta. Pelayo entró en una tienda de artilugios mecánicos con Iván, Nocturno estuvo en la tienda de caza, Álvaro en el casino Lígulaca y Mónica se fue después de un rato a ver qué hacía Alba. Cuando me quedé solo deambulé por la ciudad, afilé mis espadas, y cuando me metí en un callejón, un chico rubio, bajo y con dos cuchillas curvas atadas en la cintura y una pistola en la mano me atracó.
-Eh, tú, afloja toda la guita que tengas. Y sin contemplaciones ni tonterías, chato-dijo-.
-Ni hablar del peluquín, rubiales –saqué las espadas velozmente e hice que soltara su pistola-.
-Pero, ¿qué…?
Él sacó sus armas y nos enzarzamos en una pelea, él por mi dinero y yo por defender el poco que nos quedaba.
Hola, soy Pelayo. Os voy a seguir contando la historia desde que nos separamos del grupo. Al entrar en la tienda salimos enseguida para decirle algo a Fran, pero ya no estaba. Lo busqué por todas partes, pero no lo encontré, así que di un revoloteo por la capital. Tras varias horas deambulando, la policía de la cárcel mundial andaba con los coches de un lado a otro. “Esto me da muy mala espina.” Salí corriendo detrás de los policías y en el camino me encontré con Mónica, Nocturno e Iván; les conté lo que creía que pasaba y mientras Nocturno e Iván seguían a la policía con un intercomunicador tras la policía, mientras que yo y Mónica fuimos a avisar a Alba.
-¿Que crees que ha pasado qué?-se sorprendió Alba.
-Sabiendo cómo es Fran…-contesté.
-Vale. Dejad que llame a una amiga que se quiere unir al grupo.-Alba desapareció dentro de edificio.
Fuimos a la zona en la que se concentraban todas las autoridades y ayudamos a Fran en lo que pudimos, porque le encontramos peleando contra una banda de delincuentes callejeros, y me tomaron por un corrupto. Al final acabamos de camino a las bases de exilio en un furgón de la policía de la resistencia. Los otros se escaparon y se quedaron en la ciudad, pero al final nos pillaron a todos, y no sin oponer resistencia.
El nuevo miembro del grupo era una chica muy guapa llamada Raquel, morena y de ojos marrones. De lo demás que se ocupe Fran.
Bueno, ya soy yo de nuevo. En un trayecto de baches en incomodidad a bordo del furgón, nos estuvimos presentando entre todos, incluso Nocturno se mostró bastante amable. Algo rarito por su parte… El caso es que la chica era muy simpática y abierta a todos, amable, cariñosa y nada cobarde, aunque sí un pelín tímida. ¿Recordáis lo que dije acerca de que me gustaba Alba? Pues a medida que los hechos se sucedieron, Raquel y yo nos fuimos gustando más y más hasta que… Bueno, todo a su tiempo. Volvamos al furgón. Nos desarmaron, aunque no contaron con que nuestra nueva coleguita tenía varios ases bajo la manga, primero nos desató telepáticamente de los cierres metálicos. Seguidamente Alba y ella abrieron las puertas, aunque ya era demasiado tarde. Estábamos en el Hangar de aerodeslizadores, motos aéreas, furgones como el nuestro y sobre todo muchos guardias y robots. Todo sucedió muy rápido. Nos volvieron a arrestar y nos subieron al cuarto nivel de la prisión, de máxima seguridad, nos tomaron por fugitivos peligrosos.
-Vaya, hombre-dije tras un largo silencio-. No esperaba para nada acabar aquí.
Todos suspiraron al unísono, y se oyó, tras otro amargo y tenso silencio, un grito ahogado al fondo de la celda. Era Mónica. Todos corrimos hacia ella y de las sombras, apareció una mujer alta, de pelo liso, moreno y largo, con un top y unos vaqueros ajustados; de brazos cruzados.
-Pero que tenemos aquí… Dos magas, una bruja, un espadachín, un poli corrupto, un soldadito y un cazador. ¿Y con el grupito que sois no podéis escapar trabajando en equipo?
-¿Te importa? Estamos intentando pensar, chulita-dijo Pelayo-. Si tienes alguna aportación, no te cortes, adelante. Compártela con nosotros para que al menos podamos intentarlo.
-Bueno, bueno, que el policía se nos pone rebelde-la mujer estiró un brazo con la mano abierta hacia Pelayo-. Permíteme presentarme al menos. Soy Cristina y os ayudaré en lo que pueda a escapar.
-Bueno, toda ayuda es bien recibida. Esperemos que no nos salga el tiro por la culata-dije estrechándola la mano.
-Lo primero es salir de la celda, burlando la seguridad y recuperar nuestro armamento.