Capítulo 10: La pequeña bruja de Grivalizd
No tardamos mucho en llegar a la gran ciudad, y en cuanto pudimos aparcamos en un parking subterráneo. Nos sobraban algunos guiles así que compramos un mapa de la ciudad y un mapamundi para orientarnos. En el mapa salía Valladolid, mi ciudad natal, las llanuras del verdor, la zona bélica del continente, el valle de los vientos con el río , el desierto arabix, la meseta impía, el bosque mágico y las bases de exilio del gobierno. Deambulamos por las calles durante algún tiempo hasta que a Alba le llamó la atención un letrero en el que ponía: Escuela de Brujas y Hechiceras. Nos acercamos y leyó en voz alta de un papel que había cerca de la puerta abierta del edificio.
-“Si eres una hechicera, o te gusta la magia y quieres aprender, éste es tu lugar. Entra e infórmate” ¿Podemos entrar?
-Claro-dije-. Adelante.
Al entrar en el edificio nos encontramos en un hall con tres puertas grandes y un pequeño mostrador con una chica detrás como recepcionista. Alba se acercó a ella.
-Hola, buenos días.
-Hola-contestó la chica-. ¿Puedo ayudarte en algo?
-Querría saber acerca de esta escuela.
Hablaron durante pocos minutos y nos invitaron a entrar por una de las puertas. Allí había varias personas lanzando magias de todo tipo, blancas, verdes, rojas, oscuras y negras. Alba se sintió como en su anterior casa, el bosque, donde usaba la magia con y contra Esther; tanto para ayudarla como para combatir contra ella. Alba abandonó el grupo durante la estancia en Grivalizd y los demás fuimos a dar una vuelta. Pelayo entró en una tienda de artilugios mecánicos con Iván, Nocturno estuvo en la tienda de caza, Álvaro en el casino Lígulaca y Mónica se fue después de un rato a ver qué hacía Alba. Cuando me quedé solo deambulé por la ciudad, afilé mis espadas, y cuando me metí en un callejón, un chico rubio, bajo y con dos cuchillas curvas atadas en la cintura y una pistola en la mano me atracó.
-Eh, tú, afloja toda la guita que tengas. Y sin contemplaciones ni tonterías, chato-dijo-.
-Ni hablar del peluquín, rubiales –saqué las espadas velozmente e hice que soltara su pistola-.
-Pero, ¿qué…?
Él sacó sus armas y nos enzarzamos en una pelea, él por mi dinero y yo por defender el poco que nos quedaba.
Hola, soy Pelayo. Os voy a seguir contando la historia desde que nos separamos del grupo. Al entrar en la tienda salimos enseguida para decirle algo a Fran, pero ya no estaba. Lo busqué por todas partes, pero no lo encontré, así que di un revoloteo por la capital. Tras varias horas deambulando, la policía de la cárcel mundial andaba con los coches de un lado a otro. “Esto me da muy mala espina.” Salí corriendo detrás de los policías y en el camino me encontré con Mónica, Nocturno e Iván; les conté lo que creía que pasaba y mientras Nocturno e Iván seguían a la policía con un intercomunicador tras la policía, mientras que yo y Mónica fuimos a avisar a Alba.
-¿Que crees que ha pasado qué?-se sorprendió Alba.
-Sabiendo cómo es Fran…-contesté.
-Vale. Dejad que llame a una amiga que se quiere unir al grupo.-Alba desapareció dentro de edificio.
Fuimos a la zona en la que se concentraban todas las autoridades y ayudamos a Fran en lo que pudimos, porque le encontramos peleando contra una banda de delincuentes callejeros, y me tomaron por un corrupto. Al final acabamos de camino a las bases de exilio en un furgón de la policía de la resistencia. Los otros se escaparon y se quedaron en la ciudad, pero al final nos pillaron a todos, y no sin oponer resistencia.
El nuevo miembro del grupo era una chica muy guapa llamada Raquel, morena y de ojos marrones. De lo demás que se ocupe Fran.
Bueno, ya soy yo de nuevo. En un trayecto de baches en incomodidad a bordo del furgón, nos estuvimos presentando entre todos, incluso Nocturno se mostró bastante amable. Algo rarito por su parte… El caso es que la chica era muy simpática y abierta a todos, amable, cariñosa y nada cobarde, aunque sí un pelín tímida. ¿Recordáis lo que dije acerca de que me gustaba Alba? Pues a medida que los hechos se sucedieron, Raquel y yo nos fuimos gustando más y más hasta que… Bueno, todo a su tiempo. Volvamos al furgón. Nos desarmaron, aunque no contaron con que nuestra nueva coleguita tenía varios ases bajo la manga, primero nos desató telepáticamente de los cierres metálicos. Seguidamente Alba y ella abrieron las puertas, aunque ya era demasiado tarde. Estábamos en el Hangar de aerodeslizadores, motos aéreas, furgones como el nuestro y sobre todo muchos guardias y robots. Todo sucedió muy rápido. Nos volvieron a arrestar y nos subieron al cuarto nivel de la prisión, de máxima seguridad, nos tomaron por fugitivos peligrosos.
-Vaya, hombre-dije tras un largo silencio-. No esperaba para nada acabar aquí.
Todos suspiraron al unísono, y se oyó, tras otro amargo y tenso silencio, un grito ahogado al fondo de la celda. Era Mónica. Todos corrimos hacia ella y de las sombras, apareció una mujer alta, de pelo liso, moreno y largo, con un top y unos vaqueros ajustados; de brazos cruzados.
-Pero que tenemos aquí… Dos magas, una bruja, un espadachín, un poli corrupto, un soldadito y un cazador. ¿Y con el grupito que sois no podéis escapar trabajando en equipo?
-¿Te importa? Estamos intentando pensar, chulita-dijo Pelayo-. Si tienes alguna aportación, no te cortes, adelante. Compártela con nosotros para que al menos podamos intentarlo.
-Bueno, bueno, que el policía se nos pone rebelde-la mujer estiró un brazo con la mano abierta hacia Pelayo-. Permíteme presentarme al menos. Soy Cristina y os ayudaré en lo que pueda a escapar.
-Bueno, toda ayuda es bien recibida. Esperemos que no nos salga el tiro por la culata-dije estrechándola la mano.
-Lo primero es salir de la celda, burlando la seguridad y recuperar nuestro armamento.
Genial. Estoy deseando el final.
ResponderEliminarEl día D: quedan 154 días (9/6/11)