lunes, 21 de marzo de 2011

Capítulo 13

Os pido a todos los lectores perdón, pues han sido unas semanas difíciles y no he tenido tiempo de escribir casi, pero aquí va el siguiente capítulo. Repito, perdón por la tardanza.

Capítulo 13: La llegada del U.S.S Sunset
Día 13             Ciudad costera de Ecuana     10:26

Ecuana tenía todo lo que una ciudad perfecta para las vacaciones de cualquier tipo de persona. Excepto por una cosa. Solía ser el epicentro de casi todas las guerras que estallaban en Nidora. Con esa única excepción era una ciudad fantástica. Tenía hoteles de 5 estrellas, playas abarrotadas de gente, tiendas de suvenires, casinos, hipódromos… Al llegar, Kirstie sacó un papelito de su bolsillo, y me lo tendió.
-Chicos, me tengo que ir. A partir de aquí os dejo solos. Guardad bien este papel y juntadlo con otros que os vayan dando o vayáis encontrando. Si tenéis la suficiente audacia conseguiréis el mapa para conseguir los instrumentos. Las hadas elementales están repartidas por el universo. Tendréis que conseguir una nave espacial o algo parecido para ir a distintos planetas. Debéis encontrarlas para que os ayuden a encontrar los instrumentos.
En el papel había una lista con nombres de instrumentos: saxofón, clarinete, flauta, batería, violín, trompeta, arpa y guitarra. También ponía una última anotación. “Para que los músicos puedan interpretar la melodía, se debe forjar la batuta heroica. Para ello, se debe hacer que las siete hadas elementales se reúnan en el altar mágico de las hadas. En la cima de…”Acababa ahí.
Suspiré y pensé: “¿Para qué será la canción? ¿Y cómo sabremos qué instrumento es para cada uno? Aunque claro, Alba sabe tocar el clarinete y yo el saxofón…” Kirstie salió corriendo por la calle y los demás caminamos hasta un parque cercano con una densa vegetación y una gran fuente de mármol en el centro de una plazoleta. Nos sentamos en  unos bancos, y comentamos la situación.
-Está bien, ya tenemos un nuevo objetivo secundario que espero nos acerque al principal. A todos nos gusta la música, ¿no? Sólo hay que averiguar dónde están esas hadas y esos instrumentos.
Pelayo se dio una palmada en la frente y pidió la palabra, algo avergonzado.
-Ejem… Tengo algo que deciros.
Metió la mano en su bolsillo y sacó de él un transmisor del tamaño de la palma de su mano.
-Es… Es el transmisor de la base Astro-Naval Sunset.
Todos soltamos un “¿Qué?” sorprendidos.
-¿Todo este tiempo lo has tenido en el bolsillo y no te habías dado cuenta?- dijo Nocturno.
-Un despiste lo tiene cualquiera. Tranquilos, enseguida me pondré en contacto con ellos.
Pasaron dos minutos sin que hubiese señal alguna por parte del aparato de Pelayo.
-Chicos, malas noticias. No hay señal. Tendremos que buscar una manera de encontrar una torre de alta tensión para poder tener mucha más capacidad de señal y que pueda llegar a comunicarme con Deniel.
-Pues vamos a ello -apunté yo, señalando hacia la torre eléctrica de Medoan.
Central eléctrica de Medoan         11:35

Algunos monstruos que echaban chispas habitaban la central ya casi abandonada de Medoan, una ciudad no muy lejana a Ecuana. La central tenía generadores por todas partes, indicadores rotos y desconectados y verjas con el símbolo de alto voltaje, formando un gran laberinto de metal, lucecitas y señales.
 Con un radar que Pelayo e Iván construyeron entre los dos, avanzamos lentamente aniquilando monstruos de casi dos metros de altura y de dos quintales de peso, con franjas negras en su horrible y amarillo cuerpo peludo.
 Alba, Pelayo e Iván crearon un aparato que llamaron Demódex, que registraba los datos de los monstruos a los que nos enfrentábamos. Así, avanzamos por los distintos caminos y retrocediendo en los callejones sin salida, esquivando las torretas eléctricas y eliminando a los Electreviros (los monstruos de antes) hasta el centro del enorme laberinto.
 Una vez allí, Pelayo subió a lo alto de la torre y, con la ayuda de Iván, pudo contactar con Deniel en la base astro-naval Sunset y una media hora después, una gran nave apareció en el horizonte y aterrizó cerca de nosotros. Una compuerta metálica se abrió y de ella salieron tres personas. Una de ellas era totalmente desconocida para mí, pero adivinad quiénes eran las otras dos. En efecto, esas dos personas que liberamos del monte Tinieblas… Julien y Amanda.
Pelayo abrió los ojos de par en par, se acercó a mí y me susurró al oído algo que no entendí por el ruido de los motores. Creyendo que yo le había entendido, se apartó y fue a abrazar a Deniel apresuradamente.
-Cuánto tiempo, ¿no, Deni?- dijo poco después.
-No tanto, Pelayo.
 Deniel hizo el saludo militar y Pelayo le respondió con el mismo gesto.
-General Deniel, capitán y teniente del USS Sunset.
-Comandante Mayor Pelayo, Primer Oficial del USS Sunset.
Después de eso Deniel, con gesto solemne, di media vuelta y entró en la nave. Pelayo hizo un gesto con la mano indicándonos que entráramos dentro.
Nos asignaron un camarote a cada uno. Primero, caminamos por un pasillo largo y de aspecto futurista. Las puertas eran completamente automáticas y reconocían la huella dactilar y la voz de cada uno de nosotros. Las chicas fueron las primeras, después los chicos y, finalmente, Pelayo me acompañó hasta mi camarote. Una vez allí, me dijo que esperase su llamada. Dicho esto, me entregó un móvil de última generación, venido de otra galaxia y se fue de la habitación. Me parece que se llamaba “ePhone five”. El USS tenía tres pisos, los camarotes en la planta baja, la sala de máquinas y la zona de entrenamientos en la primera planta y el puente y la cubierta en la tercera planta. La habitación mezclaba patrones futuristas y delicados, y usaba una combinación de colores como el azul Blarxieno y el blanco ventisca. Había una mesa de escritorio, una estantería con cómics y libros de acción, misterio y aventuras y una televisión en la pared de unas cuarenta y cinco pulgadas. También había una cama con sábanas de algodón muy suaves, y algo que me encantó. Un ordenador de última generación con un cable HDMI que servía para que lo que yo estuviese haciendo en el ordenador se viese en la televisión. Una tele de cuarenta y cinco pulgadas como monitor de un ordenador. Flípalo. Aparte de eso también había una equis box cuatrocientos ochenta y una Playstation cuatro conectadas a la tele. Estaba claro que las habitaciones eran para el gusto de todos. Un rato después, sonó el móvil.