lunes, 4 de abril de 2011

Capítulo 14: El hada cautiva

Día 13    En algún lugar de la atmósfera terrestre     16:36



-¿Sí?-contesté a la llamada.

-Fran.-respondió la voz de Pelayo-. Ven al puente de mando, por favor.

-De acuerdo.

Colgué el teléfono y lo guardé en el bolsillo. Acto seguido, apagué la televisión y me encaminé hacia la puerta. Ésta se abrió con un “suish” y se cerró a mis espaldas con el mismo sonido. Giré a la izquierda en el pasillo y subí las escaleras mecánicas hasta el puente. Llegué en unos minutos a la cúpula principal en la que se encontraban Pelayo y Deniel pilotando la gran nave y unos cuantos ingenieros y pilotos más. Pelayo me vio y se levantó de su asiento de copiloto. Se acercó a mí y me guió hasta una mesa con un mapa dibujado.

-Este es el mapa de toda la tierra.-me dijo tocándolo.

El mapa que en principio parecía un dibujo, se transformó en una esfera tridimensional a la que se podía acceder de manera táctil.

-¿Y para qué me querías?

Pelayo señaló con su dedo un punto rosado que parpadeaba en la esfera.

-¿Qué es eso?-pregunté de nuevo, encogiéndome de hombros.

-Eso, es actividad mágica de un hada. ¿Sabes lo que eso significa?- me cuestionó después Pelayo.

Se me iluminaron los ojos y fui a mirar por la gran cúpula, pero solo acabé viendo nubes por debajo de nosotros. Me quedé admirando el precioso paisaje durante unos segundos. Algunos pájaros volaban en bandada hacia el sur, a la misma velocidad que nosotros. El cielo era completamente azul y sin una nube, porque, claro, las teníamos debajo. Me acerqué más al cristal; vi el mar entre las nubes y finalmente, me volví a girar hacia Pelayo y Deniel.

-Significa que hemos encontrado a la primera hada aquí en la Tierra.

-Exacto.-Deniel se cruzó de brazos y me miró con autoridad.- Vamos con rumbo hacia Medora, a una cueva submarina en la frontera Norte de ésta. Allí es desde donde nos llega la señal del hada.

Sin decir nada más corrí a los camarotes y bajé las escaleras de un salto. Avisé a todo el grupo uno por uno y volvimos a la cubierta de observación. Un rato después, llegamos a nuestro destino y la compuerta metálica se abrió dejándonos en una zona con colinas vastas y sin vegetación y una cueva que se adentraba en el mar. Nos acercamos a la entrada de la cueva y vimos que había unas escaleras de piedra inundadas hasta el tercer escalón. Nos pusimos unos trajes de buzo combinados con magia de Mónica para poder respirar debajo del agua.

 Aunque os parezca raro, Mónica podía absorber las habilidades más comunes de los monstruos que cazaba mediante una habilidad algo compleja que sólo ella y Nocturno conocían, pero él no sabía utilizarla. Bueno, fuimos avanzando por la cueva siguiendo el GPS de Pelayo, que tenía el mapa de donde venía la señal mágica desprendida por el hada hasta que, siguiendo un laberinto de paredes, trampas mortales y agua estancada vimos a una persona muy pequeña inconsciente flotando en el agua.

 Llevaba el pelo castaño muy claro, casi rubio y recogido en dos coletas. También tenía un vestido rosa claro y en la mano sostenía una varita con un corazoncito rosa en un extremo. Hice una señal a Nocturno, y éste sin preguntar nada nadó hacia el hada, la cogió delicadamente con sus grandes manos y se la cargó despacio a la espalda. Deshicimos el camino y por suerte, no nos perdimos. Salimos de nuevo a la superficie y volvimos al USS Sunset para intentar reanimar al hada.

Estaba perfectamente, uno de los anti-héroes la había abandonado en la cueva y solo le quedaba un poco de poder mágico.  Usó lo que le quedaba para mandar una señal, con la esperanza de que alguien la encontrase. Nos dijo que sabía el paradero de uno de los instrumentos, la flauta, y que en agradecimiento por rescatarla, nos llevaría hasta allí. Su nombre era Nari.

En ese momento se puso a revolotear por la sala de mandos hasta Deniel.

-Llévanos hacia el sur, a la hondonada de las hadas.

El sonido de los motores ensordeció y las nubes comenzaron a pasar a una velocidad vertiginosa. Me fui hacia la sala de entrenamientos, y reté a Nocturno a un duelo de habilidades. En toda la travesía que llevábamos realizada, habíamos ido aprendiendo distintas habilidades especiales y queríamos entrenarnos para dominarlas. Nada más llegar, desenfundé mis espadas, y el hizo lo mismo con sus hachas. Se notaba que las había estado puliendo, porque brillaban cual centella. Nos pusimos en guardia. Nos lanzamos al ataque los dos a la vez, parando nuestros ataques y esquivando nuestras embestidas. Saltaron chispas entre los filos de ambas armas. Tiró una de sus hachas al aire y aprovechó mi momento de distracción para usar una de sus habilidades. Descargó su puño contra mí, envuelto en chispas y electricidad mientras sentía la fuerza de algo muy superior en su interior.

-¡Puño de rayos!-gritó mientras me asestaba el golpe en el estómago.

Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo. Me sentía por un momento sin fuerzas, pero me recuperé a tiempo como para acercarme lo suficiente a nocturno, y sintiendo la misma energía que él, crucé mis espadas ante mí y solté un mandoble con forma de X hacia delante. De las espadas salieron dos ondas de energía canalizada en forma de x también, que impactaron de lleno en el cuerpo de Nocturno.

-¡Corte X!-grité yo invadido por aquel torrente de energía.

 Éste retrocedió, y se arrodilló un momento para recuperarse del golpe. Yo suspiré abatido, pero ambos nos pusimos en guardia de nuevo y fuimos probando distintas habilidades. Finalmente, se le ocurrió una idea.

-Fran, podríamos hacer una técnica los dos juntos.

-Me gusta la idea. Pero necesitamos una base en la que fijarnos.

-¿Qué te parece si yo lanzo mis hachas para que enganchen a los enemigos y tu te deslizas por las cadenas?

-¡Y junto con la electricidad estática que acumule y mi tornado de fuego asesto el golpe fatal!

Chocamos los cinco y nos dispusimos a entrenar. Lo intentamos varias veces, pero sólo nos salió bien una vez. Decidimos bautizarlo como Tornado combinado de Rayos.  La puerta de la sala se abrió, y Pelayo, Alba, Iván y Mónica entraron apresuradamente.

-Chicos, dejadlo para luego.-dijo Mónica.

-Sí, será mejor que vengáis.-continuó Pelayo.

-¿Qué ocurre?-pregunté encogiéndome de hombros.

-Venid, por favor.-contestó Alba nerviosa.-Hay un bicho muy extraño a babor.

-No le podemos localizar con el radar pero le vemos a simple vista, es de color gris piedra y desprende un vaho de color fucsia por la piel.-apuntó Pelayo.

-Di al capitán que dispare sondas con el Demódex  alrededor de él para averiguar su fuerza.-contesté corriendo hacia mi camarote.

De repente un fuerte estruendo acompañado de una sacudida dañó la nave y se oyó por la habitación la voz del capitán  diciendo que  el grandullón, Fran e Iván salieran a cubierta para intentar espantar a la fiera.

A nuestros transmisores nos llegó un mensaje de la sonda, en la cual nos informó que era el monstruo legendario llamado Ibrión y era el que protegía la Hondonada de las hadas.

El hada revoloteó hacia mí y me dijo que intentáramos no hacerle mucho daño, sólo si la situación lo requería.

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