Capítulo 15: La primera melodía sagrada
Día 13 Encima de la Hondonada de las hadas; Cubierta del USS Sunset 18:00
-Me cago en la… -dije asustado al ver aquella masa deforme volar a nuestro lado.
Había destrozado uno de los motores, pero la nave aún seguía en el aire. La voz del capitán se escuchó a través de los altavoces.
-¡Lanzad los misiles Stinger!
Iván sonrió, fue corriendo detrás del montículo en el que estaba la puerta y trajo consigo una torreta automática y un lanza misiles verde y muy grande. Se arrodilló después de ver que la torreta colocada no hacía efecto y lanzó uno de los ingentes misiles; fue desviado por las alas de la temible bestia.
Tras un rato de pelea, al monstruo se le abrieron unas brechas de las cuales se desprendía un vaho negro en vez de fucsia. Nocturno me miró y le hice una señal de que esperara. El monstruo lanzó un chorro de humo de color verduzco que asestó grandes daños a la nave. Se abrieron aún más sus grietas, señal de que estaba dañado seriamente.
Entonces, grité a Nocturno:
-¡¡¡Ahora!!!
Él asintió, lanzo sus inmensas hachas a la criatura, y se engancharon en sus alas. Se amarró fuertemente a la nave dando unos pisotones furiosos. Acto seguido, salté a las cadenas que le unían con la horrible bestia y empecé a correr por ellas mientras hacía que rozaran mis espadas, acumulando electricidad estática.
Cuando estuve a punto de “besar” al monstruo, salté y empecé a girar sobre mí mismo y a soltar llamas junto con los rayos en los que se había convertido la electricidad estática, a la vez que ambos gritamos:
-¡¡¡TORNADO COMBINADO!!!
El ataque dañó gravemente al monstruo. Las grietas de su cuerpo se abrieron aún más, hasta el punto de que la masa negra que emanaba de su cuerpo lo absorbiera completamente y poco a poco fuese tomando forma humana. La figura que flotaba ante nosotros me resultaba familiar. No la había visto nunca, pero me resultaba cercana. Al principio no tenía ni idea de porqué, pero después de que un fugaz pensamiento se apoderase de mi cerebro, descubrí quién era la misteriosa figura.
Gafas, bata blanca, pelo alborotado y medio de punta… Uno de los malvados de la leyenda, o, mejor dicho, uno de sus descendientes. El mago y científico loco, el sin nombre, el que sólo se le conocía como “el Bolilla” pues le encantaban las cosas redondas. “Su punto débil, seguro”, pensé. Él flotaba en el aire de Medora ante nosotros como un soplo de aire.
La nave dio un tumbo y nos hizo caer al suelo, despertándome de mi profundo pensamiento. Antes de que pudiera reaccionar, me lanzó una descarga eléctrica. Nocturno se interpuso entre la descarga y yo y la detuvo con sus hachas.
-Fran, ¿quién es este?-dijo forzadamente haciendo un gran esfuerzo.
-Creo… es más, sé que es al que le llaman “el Bolilla”, el científico loco de los malvados.-respondí yo.
Acto seguido, salté a un lado de Nocturno, y viendo que “Bolilla” aún flotaba en el aire, concentré mis fuerzas y grité:
-¡Corte X!
Las ondas de energía salieron disparadas de mi espada y por poco no impactaron en su cuerpo, pues él hizo una rápida finta y las esquivó.
-¿Qué es lo que quieres?-pregunté después.
-¿Por qué estáis buscando a las hadas?
-¡Odio que me respondan con una pregunta! ¡Contéstame!
-Necesitamos el poder de las hadas para poder para invocar a las bestias legendarias y dominar el mundo. ¿Te queda claro?
-Clarísimo -sentencié yo, y guardé mis espadas.
En su mano se estaba formando una bola de humo morado muy oscuro. Me metí la mano en el bolso y toqué el cristal que allí tenía guardado. Cuando estaba a punto de sacarlo, Nocturno, que había visto mis intenciones, me paró. Metió la mano bajo su calavera y sacó un cristal de color amarillo energético. Relucía como un rayo ante la luz del sol sobre hondonada de las hadas. El nombre grabado era el de Leo.
Tras cogerlo usó su hacha para romperlo.
Flash. Una luz cegadora que provenía del cristal nos hizo caer con una onda de energía. Al abrir los ojos, tenía delante un león negro de gran tamaño, rugiendo. “Bolilla” lanzó una mirada perversa y le dedicó una media sonrisa. Acto seguido, desapareció en el aire.
El león se amansó y se transformó de nuevo en cristal, que flotó hasta la mano de Nocturno. Nos miramos triunfantes. Habíamos vencido a uno de los malvados, aunque teníamos el mismo pensamiento rondando por la cabeza. Volvería. Y para esa ocasión estaríamos preparados para un enfrentamiento digno. No lucharíamos a la desesperada. La compuerta que conectaba con el puente de mandos se abrió, y de su interior salió Nery.
-Entrad, chicos, vamos a aterrizar en la hondonada.
Una vez en el puente de mando, todos nos acercamos a mirar las cristaleras. Desde allí se veían las distintas regiones del misterioso terreno. Había una llena de volcanes y lava por todos los lados. Llena de ríos, lagos y un pequeño mar que conectaba con el océano. Otra de las regiones estaba abarrotada de montañas y taludes de piedra y tierra. Respiré hondo. El altar de los instrumentos sagrados nos esperaba en la cima del monte Tsereve. Bajamos de la nave bien preparados y con ropa de abrigo. En la llanura en la que aterrizamos hacía algo de calor, pero cuando empezamos a escalar el monte fue haciendo cada vez más frío. Finalmente llegamos a la cima, con la ayuda de Nery como guía. Allí se levantaba una estructura de varios años de antigüedad, formada por un altar y ocho círculos todos de colores menos uno, el más cercano al altar. Todos nos quedamos admirándolo, excepto Nery, que revoloteó hasta situarse en el círculo de color rosa. Una vez allí levantó los brazos y entonó una breve cancioncilla que hizo que toda la zona, por decirlo de alguna manera, reviviera. En ese momento, Raquel, tan cohibida como siempre, sé separo del grupo y sin pensarlo dos veces, como atraída por ello se acercó al altar. Sin saber bien por qué, el hada y ella recitaron una especie de poema ancestral y al terminar todos lo vimos claro. Una flauta plateada flotaba sobre el altar y resplandecía con un misterioso brillo. También flotaba un pedazo de papel dorado y rasgado, como si le faltara algún pedazo. Raquel alargo la mano y cogió la flauta suavemente y la acercó para observarla mejor. La flauta brilló tenuemente, iluminando sus rasgos. Tras eso, la desmontó y la metió dentro de su mochila, junto con el pedazo de papel. Dio media vuelta, triunfante y dijo:
-Chicos, esta experiencia me ha dado unas fuerzas sobrehumanas, la magia recorre mi cuerpo fibra a fibra como un rio de lava incandescente.
“Su verdadero poder ha despertado al conseguir su instrumento…”, pensé. Levanté la cabeza y vi a Raquel frente a mí. Sus ojos tornasolados se reflejaron en los míos como una estrella. Pero aún no sentía lo que ella. Desvié la mirada, entre incómodo y furioso, pero no dije nada. Una voz nos reclamaba a través del intercomunicador.
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